La sangre que del madero cayó
mi alma soñadora liberó
y de guía me sirvió
para soportar este mundo escandaloso,
egoísta, hipócrita y mentiroso.
Será tu sangre pura
la que romperá mi atadura
con esta tremenda locura
y me permitirá vivir tu mensaje
antes de emprender mi viaje.
Quiero amar como Tú amaste.
Perdonar como Tú perdonaste.
Predicar como Tú predicaste.
Para eso tu sangre necesito
porque así me sentiré fortalecido.
Con esa fuerza fluirá mi amor
que germinará como una flor
en cada corazón pecador
a los que el mensaje contaré
en largas horas de café.
JOSÉ LUIS RUBIO
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