Encaramado entre las sombras
con paso torpe y agigantado
cruzaba lanzando improperios
los verdes senderos del parque.
Con su cara deformada
sus ojos alienados
y la fuerza inevitable
de sus rudos y toscos brazos.
Recorría las calles
buscando a sus presas
enajenado de todo
esparcía su violencia
y su ira irremediable
que fluía de su piel
cuando el tranquilo Dr. Jeckyl
se convertía en Mr. Hyde.
Su vulgar vocabulario
lleno de improperios
lo hacía el ser más ruin
y rudimentario caballero.
Los secretos oscuros de la mente
poderosas quimeras encerradas
entre las paredes del cráneo
que por un simple experimento
afloraron y como bestia salvaje
de su cuerpo se apoderaron
los más temibles y bajos instintos
de un ser vil, burdo y grosero.
¿Era Mr. Hyde
lo sombrío, lo maligno
que uno lleva enmascarado
en su personalidad?
Ese ego maléfico
entre el bien y el mal
que escondido cual tesoro
el ser humano siempre lo llevará
dentro de su espíritu
como una dualidad
que solo en circunstancias
llevadas al extremo
de una parte del cerebro, emanará.
Diana Chedel -Argentina-
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