Quien dice adiós entiende de portazos,
mas ignoró el por qué de abrir la puerta.
La entrada presupone firme oferta,
irrescindible, no promesa a plazos.
Abrir la puerta es ofrecer los brazos
a quien llega. Si en ellos se despierta
feliz al alba, toda mente alerta
logrará sustraerse a los zarpazos.
Mas en amores la razón dormita,
ni ve ni quiere ver, y precipita
la divergencia que uno solo intuye.
Fraguándose de un lado la ruptura,
al fin sobrevendrá en tal coyuntura
uno que se desangra y otro que huye.
FRANCISCO ÁLVAREZ HIDALGO -In memoriam-
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