domingo, 10 de agosto de 2014

ALICIA Y SU CASA DE VACACIONES


Cosas que a la gente le gustaría saber sobre Alicia. La casa de Alicia estaba rodeada por un bosque de pinos, cipreses y eucaliptos. Y acacias. Siempre se olvidaba de las acacias. La guerra contra las dunas la pelearon otros, y gracias a eso, su familia podía tener una casa rodeada de árboles a pocos metros del mar. Por supuesto que no era la casa de Alicia. Era de sus padres, pero ellos nunca le mezquinaron sus llaves; sobre todo cuando Alicia iba con Jorgelina y Marisa (viaje que hacían una vez por año, fácil). Era enorme aquella casa, con una puerta grande y ventanas de madera. Piezas gigantes, dos o tres habitaciónes, un semipiso sin paredes para guardar cosas y dónde podían entrar tranquilamente 3 o 4 personas sentadas o acostadas. Un altillo con una ventana infinita, sobre un lateral del techo a dos aguas.
Casi todas las vacaciones de Alicia y sus amigas eran una puerta hacia los pequeños vicios que se permitían en aquellos días. Fumar, cerveza, dormir hasta tarde, acostarse mirando las estrellas, cosas de mujeres. Y así durante muchos años. Así, siempre.
Durante las últimas vacaciones los tópicos de las charlas fueron: lo bueno que estaba el dentista de Jorgelina, por qué Bukowski era un escritor tan lleno de excesos, cuándo Marisa iba a decidirse a publicar su libro, por qué Alicia no se casaba con su “peor es nada” y lo mucho que se conocían las tres.
La charla terminaba con un paseo por el bosque, acabando el último paquete de Philip Morris y perdiéndose en una caminata silenciosa bajo la luna llena de Mar de las Pampas.

Christian 
Publicado en el blog tusentuertos

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