Muy pocos se dieron cuenta de la falsificación. Los poetas continuaron su delirio, los enamorados arrullándose en la penumbra, las brujas con sus rituales, los astrólogos diseñando futuros, las mareas y la salvia yendo y viniendo entre las venas del mundo. Todos parecían conformes con aquel burdo reflector Made in China que aún llevaba el código de barras al dorso entre paneles solares, un escudo de reflexión que regulaba el cambio de fases y un generador de gravedad. Sólo los lobos continúan saliendo durante el plenilunio, esperando en su inocencia que regrese alguna vez. Elevan al cielo una miraba de súplica y regresan a sus cuevas tristes y mudos.
Lidia Soca Medina (Cuba)
Publicado en la revista digital Minatura 145
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