Vuelve el fuego a encender la chimenea
de la vieja cocina abandonada.
Vuelve el lustre a las hoces y a la azada,
vuelve al pozo el caldero y la polea.
En las calles humildes de la aldea,
donde puso el silencio su calzada,
se ha erigido una voz ilimitada
que en los pies de los niños corretea.
En los ojos del hombre se percibe
una luz ancestral que lo ilumina,
un destello feliz que lo transforma.
Es el sueño de un alma, que recibe
su legado de paz, su medicina
y el zapato a medida de su horma.
Del libro Trozos de cazuela compartida de
Mariano Estrada
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