martes, 5 de enero de 2016

SE ACABÓ LA TINTA


Pesadez a flor de piel,
se han cansado los pies
y la hiel invade corazones,
y los párpados lloran
al son de dolor.

El martirio
habló en la letra,
y tan bendito como maldito,
se creó el hechizo versal.

No llora,
porque está cansada
y casada con el camino frívolo
y ahogada por la oscuridad de la vida.

¿Adónde vais con ese rostro de cicatrices?

Le ha dolido ver los rostros,
y levantar la mirada fija.
No conocemos
la dificultad frente al espejo,
el riesgo de salir
y escuchar las risas
y sonreír y diferir,
y callar y seguir,
y tragar y escribir.

Hace mucho se escribió el dolor,
y qué bello ha sido revivirlo en vivencias,
que plasmadas en un libro,
recuerdan la pena de vida.

Si no respondes,
no es tiempo,
es ausencia,
pena en la pupila
y augurio de melancolía.

Que la vida es fría,
negra y perdida,
vacía y dolida,
pero que acabará algún día.

Se cayeron las hojas
y el sol se apagó,
la razón te olvidó
y el corazón te traicionó.

Querer lo imposible,
sucesos inexplicables,
con sustancias irracionales,
¡Vida mía!

Mira al cielo,
y pide clemencia,
y pide clemencia a sus dos pertenecientes,
para que no le olviden
y sepan la carga que llevará siempre,
constante y aguda.

Mira al cielo,
sus dos de arriba,
llevados en la piel,
¡Que no le olviden! ¡Que no le abandonen! porque se acabó la tinta...
Se acabó la tinta.

Ginna Vanesa Pérez Noguera -Colombia-
Publicado en suplemento de Realidades y Ficciones 66

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