Eran dos parásitos creyentes,
De un fanatismo desmedido.
Que como beatos absorbentes,
Devoraban a seres queridos.
Repelús daban entre la gente,
Con rostros tétricos de creídos.
Por llevar a Cristo en la mente,
Y a un ladrón dentro consentido.
Se creían con la inmunidad
Diplomática de un Cristiano,
Que practicante, está poseído.
Pero cuando expire su maldad,
Si existe un DIOS, más humano,
Les quitará lo no repartido.
Ricardo Campos Urbaneja.
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