domingo, 29 de noviembre de 2020

EL MIEDO

 

            El miedo es libre. Lo sabes. También conoces las consecuencias de dejarse arrastrar por él. Algo normal cuando se trata de un sentimiento. El miedo te seca la garganta, acrecienta tus sentidos, reaviva tu cuerpo. Sí, es libre, y cada persona lo siente de una forma distinta.

            Tu padre te habló del miedo, incluso te enseñó lo que era durante las noches en las que venía borracho y golpeaba a tu madre. Con el miedo se impone la propia voluntad, afirmaba entre trago y trago de alcohol, entre golpe y golpe.

            Él murió una buena noche ahogado en sus propios vómitos. Víctima de un vodka adulterado.

            Sí, el miedo es libre, y poderoso a poco que se lo sepa controlar. Lo aprendiste bien. Muy bien. Incluso te has acostumbrado a él, forma parte indisoluble de ti. Como una semilla que te poseyó desde pequeño y que en la madurez ha florecido esplendente.

            Por eso disfrutas contemplándolo: en los rostros de tus víctimas, que te miran con horror desde las argollas oxidadas de este sótano, paraíso del horror donde tu progenitor te enseñó el placer del miedo.

Francisco J. Segovia

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