Dedicado a Azucena Kunica
Que nada te detenga, vuelve, la pampa con tu humedad combina
tu ausencia entristece la vida, el verde vital reclama ya tu ondina
multitudes ocres de la ciudad te opacan: te ocultan tras la bruma
en este tu campo la vida se inicia, en la ciudad trémula se esfuma.
Las azucenas son todas tuyas cuando vuelvas
las rosas inquietas esperan abiertas por tu aroma.
No tardes, el mundo es fresco aquí en nuestra sombra
abruma cruel la quietud de todo esto cuando tú no estás.
Me acongoja sentir tu lejanía, vuelve
este cuerpo inquieto te deplora toda
añoro tu vaho que deleitaría al orbe.
Las crisálidas aún no asoman
esperan por ti mis gotas
son vívidas, sanas
son flor de inhiestas.
Se aproximan las fiestas por el agua tuya
ceremonias anodinas habrá en tu honor:
leche viva sobrará con tu presencia.
Las mieles puras de tus labios,
manjar de todos los dioses
excitarán todo mi ser
dan ganas.
El sabor de tu flor que brilla no se repite:
perpetua obra del cielo.
Rubén Dario Cadena Franco
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