miércoles, 6 de enero de 2016

NUESTRO ÚLTIMO HOMBRE EN LA LUNA


Pero mi alma, alma construida por mí, puede perdurar más allá de la extinción del sol y de la glaciación de la Tierra.
Stanislaw Lem, Diarios de las estrellas.

Primero irrumpió la mini era de hielo de 2030-2040. Ninguna predicción fue suficiente para advertir los efectos de una actividad solar a menos de la mitad. Después, los biólogos anunciaron que las
especies vertebradas estaban desapareciendo a un ritmo comparable con la extinción de los dinosaurios. Las noticias eran gravísimas pero los bandos no cedieron con la Guerra de los Elementos y todo fue peor. Y entonces llegaron los depredadores del espacio. Seres de algún lugar de la galaxia donde reina el frío y la impiedad. Carroñeros de mundos en decadencia. Atacaron sin aviso. Los drones no resultaron oposición para las fortalezas volantes y pronto nos sometieron. Tras una
conquista sin ahorro de barbarie arribaron las naves nodrizas para sorber a las muchedumbres. Rumores optimistas hablan de esclavitud en su planeta congelado, otras fuentes murmuran
combustible vital. Con más apremio que esperanza se organizó la Resistencia. Un comando suicida alcanzó la órbita de uno de los pocos satélites activos y logró comunicarse con la Base Moonraker, una red neural de defensa que nunca estuvo del todo operativa. Otro fracaso billonario originalmente destinado a evitar una nueva conflagración nuclear y que ahora emplearíamos en nuestro rescate. Siempre estuvo a cargo del coronel Scarlett Venom, una mente privilegiada para la astrofísica y
la estrategia. Hasta que se perdió contacto no eran infrecuentes las propagandas con su imagen. Hace 50 años organizó con éxito la vida humana bajo la superficie lunar. Que la Resistencia me haya
designado su enlace es una gran responsabilidad que no opaca el honor que siento. Lo he visto, me ha hablado. Ya no se parece a las postales pero no importa. Sé que todo saldrá bien. Malditos gibosos: ¡el sistema solar es para los terrícolas! Hemos descifrado la secuencia de sus escudos fractales. No veo la hora de activar el pulso electromagnético y freír a los invasores albinos. El mayor Venom dará la orden precisa. Es sólo un cerebro vivo recluido en una máquina pero no pienso decir ni una
palabra. Para todos, la restauración vendrá de nuestro último hombre en la Luna.

Pablo Martínez Burkett (Argentina)
Publicado en la revista digital Minatura 145

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