miércoles, 6 de enero de 2016

NO QUIERES ESTAR AHÍ


No quieres estar ahí, con ella, a esas alturas la detestas. Así que cuando sale a hacer la compra te meas en su alfombra, tiras algunas de sus fotos a la basura, por la noche la insultas muy bajito al oído mientras duerme... Es lo normal cuando estás harto de alguien, creo.

- ¿Tú has hecho todo eso?
- Alguna vez.
- Me niego a creerte.
- Como quieras.
- ¿Harás eso conmigo el día que te canses?
- Contigo, no.
- ¿Cómo puedo estar segura?
- Supongo que no puedes.
- Ja. ¿Y en qué situación me deja eso, querido?
- Yo te quiero.
- ¡Ya! ¡Como a las otras!
- No. Te quiero bien. Estoy enamorado.
- Por ahora...
- No fastidies.
- Es que me cuentas esto... ¿y qué hago yo, Carlos? Sabes, nunca... lo hubiera dicho de ti.
- Eso es que aún me conoces poco.
- Más bien no te conozco en absoluto...
- Olvídalo.
- ¡No puedo! Aunque quisiera. Imposible. Es muy fuerte. Mucho más de lo que crees. ¿Qué dice eso de ti como persona? Como pareja. Piénsalo.
- Mira, tal como yo lo veo... si tienes sangre en las venas... hay días buenos, días malos...
- ¡¿Y en los días malos piensas mearme la alfombra?!
- Espero que no tengamos que llegar a eso...
- Joder. Eres un capullo. Y un peligro público.
- ¿Y qué vas a hacer? ¿Dejarme?
- ¿Qué te cuesta ser normal, por dios? Quiero un novio normal.
- Yo intento serlo. Lo intento por ti, chica.
- ¿Por mí?
- Por nuestro amor.
- Es que te oigo decir “amor” y me tiemblan las carnes...
- Lo sacas todo de quicio. Además, tú has preguntado...
- ¡Y menos mal!
- ¿Me das un beso?
- Olvídalo. Y tengo que pensar.
- ¿Qué tienes que pensar?
- En ti. En nosotros. Esto lo cambia todo.
- ¿De verdad crees que te he meado la alfombra?
- Eso no. Pero...
- ¿Pero?
- Cualquier otra cosa. Qué sé yo. Eres un peligro.
- Mira, si me dejas hacer...
- ¡No me toques! ¡Aléjate de mí! Y hoy es mejor que no duermas en casa.
- Anda que...
- Es lo que te pasa por bocazas.
- Desde luego.
- Y por cerdo.
- …
- ¡Dios mío, y yo me acuesto contigo!
- Vale ya...
- ¡En la misma cama!
- Julia...
- A saber qué habrás hecho conmigo mientras duermo.
- Ya te gustaría...
- ¿Cómo dices?
- Te pones guapa cuando te enfurruñas.
- No intentes arreglarlo ahora, cretino.

Y mientras la beso (forzando un poco: nuestras lenguas, su especie de queja, ininteligible) se me ocurre pensar que no puedes ir por ahí contando la verdad a las personas que amas.
Suelen valer mucho más que eso.

Carlos Bonino

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