Con el pensamiento suelto y la esperanza cansada,
esta tarde gris y triste, lentamente paseaba.
Las horas se me morían vestidas de seda parda,
trayendo olas de viento y besos de nieve helada.
Yo, caminando en silencio, en mis oídos sonaban
aullidos de lobo triste, silbidos de cobra amarga.
Flojo y sordo sopla el viento, parece temblor del alma,
y el cielo se desmenuza en copos de nieve y laca.
La gente avanza en silencio, como el que no siente nada,
y en el cielo culebrean serpientes de nubes malas.
Un hombre pálido y serio mira mis ojos y calla
mientras se frota las manos cogiendo la nieve blanda.
Tormenta dura y tardía, murmura, febrero ataca,
las tormentas de febrero matan el fruto que cuaja.
El cielo como una niebla que cubre silencio y alma
parece un pasillo espeso donde la vida se acaba.
La nieve cae lentamente, espesa gélida y ataca,
queriendo cubrir el mundo en su gélida mortaja.
Transparente en su blancura va recubriendo las casas
las calles las azoteas los caminos y las plazas.
El horizonte se espesa como una sábana blanca
igual que viste una novia que quiere ser desposada.
Los copos como jazmines, como el algodón en rama,
dejan un sabor helado metiéndose en la garganta,
ponen el hielo en la sangre y en la piel color de plata.
Los hombres, van por las calles angostas, sin esperanzas,
sin trabajo, sin salario, algunos hasta sin casa.
¡Mala frialdad de febrero para la fruta que cuaja,
y malos hielos enfrían los corazones de España!
Un febrero de 2012 en plena crisis mundial.
Granada Sandoval
No hay comentarios:
Publicar un comentario