Sin la mirada de sus ojos
intenté la lujuria
amputando mis lágrimas,
su piel oculta en la cubierta,
en pleno cuerpo
rodea su obra
colmado aroma de instantes,
del estío a los engendros del orfebre
pasea conmigo,
despacio
siento un estampido ardiente
en un recuerdo
que acaricia su rostro,
arruga abolida y arrojada
¡por favor no te apresures!
en un hueco
en la espesura de su pelo
a veces, muy diminuta
se despide una sombra de luz,
no hay oscuridad
y la ceniza del silencio
vuela sombría,
le susurra una sonrisa
aliento de nostalgia
que honda
saquea los sentimientos.
Manuel Vílchez García de Garss
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