CERRAR LA PUERTA
Cerraré la puerta,
pasando la llave
y la arrojaré al mar.
Cerraré la puerta
de un año agotado,
terminado, que se va
y que jamás volverá.
Saldré de la casa
con un calendario,
estrujado en la mano,
con los días tachados
que fueron cayendo,
olvidados y mansos
por su uniformidad.
Que atenaza, embrutece
y nos impide vivir.
Docilidad de cobardes,
o bien generosidad
de seres altruistas.
¡Es difícil discernir!,
ahora que 2016,
comienza. Y nosotros,
miramos atrás.
Cerraré la puerta
y abriré una nueva.
LAS DOCE DEL MEDIODÍA
El mediodía ha aparecido,
la escalera huele a guisos.
El rumor de la calle, bulle.
Se mezcla entre los aromas,
de las cocinas en la escalera.
Hay risas de niños jugando,
gritos y llantos de bebés.
El viento azota sin piedad,
los inestables mástiles
de las viejas barcazas,
ancladas en el puerto.
Hace sol... ¡Mucho sol!
El sol teje mi sombra,
la rapta se la lleva.
¡A esa hora no hay sombra!,
pero sí, aroma de guisos,
de casas de vecinos y mar.
Atravieso el portal...
huelo a fritos distintos,
¡Y todos tan iguales!
¡Aromas de mi niñez!
tiempo que ya no es,
que ya no me pertenece
Han pasado muchos años,
ya nada me pertenece.
Entro en el portal, mi portal
pero... ya no huele igual.
Ni hay sombra alguna,
a las doce del mediodía.
MARÍA LUISA HERAS VÁZQUEZ -Barcelona-
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