Cuánta ternura
hay en tu alma
enamorada,
mi dulce corazón
de niña adolescente,
y cuánto amor
has despertado
en los adentros
de mi ente dormido.
Nuestros encuentros,
en la complicidad
de la luna nocturna,
nuestras citas furtivas,
y nuestras noches
ardientes de pasiones
encadenadas al son,
sin palabras inventadas,
sin tabúes ni subterfugios,
son únicas en su género.
Donde caricia tras caricia,
beso a beso disfrutamos
mucho más que eso,
nuestros cuerpos
segregan divina lujuria,
pasiones y embelesos.
Entonces nos liberamos
de deseos reprimidos,
y con sutiles delicias
y atrevidas caricias,
explotamos en júbilo,
el más divino resquemor
de nuestros cuerpos,
que cual tea humana,
arden al al unísono
acompasados al rojo vivo.
Cuando la tenue seda
de tus blancas manos
con ternura me acarician,
cuando la dulce miel
de tus calientes labios
recorren entera mi piel,
me devuelven la vida,
me arrebatan la muerte.
Sigue mi amor sigue,
sigue, no te detengas,
no dejes espacio libre
sin recorrer mi piel.
Luces así desnuda,
hermosa y radiante,
sedienta y ansiosa,
divina y seductora,
pérfida como una diosa,
tú mi bella dorada rosa.
¡Dios mío si que eres bella!
Eres mi glamorosa rosa,
la princesa dorada
de mis más caros sueños,
y por mucho
la más hermosa.
Por tantos asediada
y solamente de mí
perdídamente enamorada.
Por eso si la muerte
por mí viniera hoy,
éste sería
el momento mejor,
porque tú me has amado
sólo por quien soy.
A ti mi amor todo
te lo he entregado.
Te amo y tú me amas,
los dos nos amamos,
y si en este desvarío
los dos nos equivocamos,
¿a quién cuenta damos?
George Rivas Urquiza -Perú-
hay en tu alma
enamorada,
mi dulce corazón
de niña adolescente,
y cuánto amor
has despertado
en los adentros
de mi ente dormido.
Nuestros encuentros,
en la complicidad
de la luna nocturna,
nuestras citas furtivas,
y nuestras noches
ardientes de pasiones
encadenadas al son,
sin palabras inventadas,
sin tabúes ni subterfugios,
son únicas en su género.
Donde caricia tras caricia,
beso a beso disfrutamos
mucho más que eso,
nuestros cuerpos
segregan divina lujuria,
pasiones y embelesos.
Entonces nos liberamos
de deseos reprimidos,
y con sutiles delicias
y atrevidas caricias,
explotamos en júbilo,
el más divino resquemor
de nuestros cuerpos,
que cual tea humana,
arden al al unísono
acompasados al rojo vivo.
Cuando la tenue seda
de tus blancas manos
con ternura me acarician,
cuando la dulce miel
de tus calientes labios
recorren entera mi piel,
me devuelven la vida,
me arrebatan la muerte.
Sigue mi amor sigue,
sigue, no te detengas,
no dejes espacio libre
sin recorrer mi piel.
Luces así desnuda,
hermosa y radiante,
sedienta y ansiosa,
divina y seductora,
pérfida como una diosa,
tú mi bella dorada rosa.
¡Dios mío si que eres bella!
Eres mi glamorosa rosa,
la princesa dorada
de mis más caros sueños,
y por mucho
la más hermosa.
Por tantos asediada
y solamente de mí
perdídamente enamorada.
Por eso si la muerte
por mí viniera hoy,
éste sería
el momento mejor,
porque tú me has amado
sólo por quien soy.
A ti mi amor todo
te lo he entregado.
Te amo y tú me amas,
los dos nos amamos,
y si en este desvarío
los dos nos equivocamos,
¿a quién cuenta damos?
George Rivas Urquiza -Perú-
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