miércoles, 24 de febrero de 2016
LARGAS REDES DESCALZAS
Habla
Andrés
La luz lanza sus furias verticales,
sus enjambres de astillas sin amarras sobre cubiertas sucias,
sobre remos,
sobre el velamen de las barcas pobres.
Riela en la faz indómita del agua,
un cardumen de escamas circulares como duros denarios invasores
en el lugar exacto donde el fuego llovizna la impaciencia de sus ascuas entre desnudos pétalos de azogue.
En la inmensa quietud de mar y cielo...
en la azul soledad,
casi inclemente,
donde el cansancio es un silencio espeso cincelando el esfuerzo de tendones;
donde el gemido hambriento de las redes trae asombros de peces prisioneros
escalando,
a estribor,
muertos ramajes agrietados de cáñamo y sudores...
los ojos de Simón beben,
de un trago,
infinitas distancias insurgentes,
vaticinios quemantes,
horizontes.
Alguien ha pronunciado,
desde lejos,
como un conjuro o un reclamo antiguo,
las sílabas confusas de su nombre...
el eco de una voz que nadie escucha,
la pereza ancestral de los guijarros multiplicada en espejismos ocres.
Y ya no importa,
ya no importa nada.
Ni peces,
ni fatigas,
ni mareas,
ni los descalzos hilos pescadores.
Sin mirarme siquiera,
sin decirme...
sin cuestionar,
sin pronunciar palabra,
mi hermano pone proa hacia la orilla en la mañana herida por los soles.
Remendando las redes,
en su barca,
el viejo Zebedeo se detiene.
Busca a sus hijos con angustia ardiente
pues se ha cumplido el tiempo... y es el tiempo del Reino Prometido,
en el principio,
al linaje abatido de los hombres.
Del libro Crónicas de las huellas de NORMA SEGADES
Publicado en Editorial Alebrijes
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