miércoles, 24 de febrero de 2016

RECUERDO A MI MADRE


Sentada, con su bastón, el cuerpo doblado, la cabeza enhiesta,
orgullosa, con todo el orgullo que arrastró en su vida.
Vivió como pudo, con dos mil espadas, como un Quijote
enfrentándose a los Molinos de Viento.
Su alcurnia, sus antepasados, su historia de clase
no podrían lastimar a sus hijos.
Erró dos mil veces el ataque
pero siempre estoica y yo, desde lejos en espacio y tiempo
la admiro.
Sus hijos sufrieron las derrotas, pero su descendencia brilla erguida
por una luz quizás muy explicable.
Recuerdo a mi madre, sentada, su cuerpo doblado, el bastón apoyando su
misterio y su cabeza erguida llevando como bandera victoriosa
sus anhelos.
Aquí estoy ahora, sentada, ni sé cómo sentada, tratando de estar erguida,
mirando, imaginando a los seres que amo y pienso
¡Qué triunfo el de ella! ¡Le ganó a la vida!
A las batallas perdidas, al llanto que no pudo gritar, a las injusticias de su tiempo.
Sus nietos van sembrando infinitos campos de ilusiones, sin espadas,
con sueños, cultura, arte.
Sus nietos son su cabeza erguida.

Ana María Manceda -Argentina-
Publicado en Archivos del Sur

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