Oteando el azul del cielo,
en una noche estrellada,
observé en la lejanía
la eternidad anhelada,
esa que un día cruzaré
al acudir al llamado
que desde allí escucharé
terminando mi jornada.
¿Oh inmensidad tan profunda,
de riquezas ignoradas,
allí contemplé y absorto
yo le pregunté a mi alma:
podrás andar en la voz,
en el grito o la distancia
mirando al cruzar el cielo,
tanta belleza ignorada?
El espacio sideral
y en sinfonías ordenadas,
guarda un archivo completo
de trinos, voces y cantos,
son los sonidos de seres,
que en forma bien ordenada,
cantan al Dios de los cielos
en diferentes tonadas.
Es la música celeste,
son el canto de las almas,
son rimas, versos y el cielo
eternamente los guarda,
para mostrar finalmente
que esos mundos que allí andan
son parte de nuestro ser,
que Dios hizo con sus manos
y allí en el cielo, Él, los guarda.
JOSÉ RUEDA ARDILA.
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