La melancolía - La niña era hermosa también,
Es para la gente grande – Afirmo con madurez.
La observé jugar, bajo la lluvia, entre tréboles,
intuí que en un rincón de mi certeza, ella reía.
Hay tormentas que son bocetos de la locura,
jirones de angustia derivando hacia el caos.
Como lágrimas en movimiento, como lluvia,
envestimos la tristeza y nos hacemos únicos.
Un día, casi olvide el sueño imposible de Dalí,
la pesadilla desierta del cazador de mariposas.
Soporte hasta el amanecer la espina en mi pie,
luego solo quedo el regusto a sal, en mi boca.
Muchas veces soy dueño, y a la vez prisionero,
de una serenidad, que en verdad, no dispongo.
ciertas veces el delirio está en otra parte, lejos,
detrás del maquillaje, perteneciente a otros.
Me dijiste que amanecerías desde el silencio,
aunque yo, agotado y dueño de mil sueños,
me durmiera ante de las lámparas del día.
No supe niña, si huías de mí o de tu sombra.
La melancolía - Escapó de mis manos la niña
la promesa, la sirena incauta, solo un sueño.
Debí lucir allí mismo el llanto en mis ojos,
el día aquel, en que llovió hacia los cielos.
JORGE LACUADRA (Santa Fe-Argentina)
Publicado en la revista Gaceta Virtual 110
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