jueves, 4 de febrero de 2016

FRENTE AL PAREDÓN DE FUSILAMIENTOS


Hoy es buen día para morir, pero por favor, no me ahorquen.
Permítanme la cursilería de ser feliz, al centro de un altar sin imágenes.
En este instante de alas perdidas, para qué soñar
con ojos verdes que nunca me han amado
y no sentirán ningún escalofrío tras el chasquido de huesos.
He visto caras sin amparo, tan ateridas, como las vuestras
tras el conjuro derrotismo de las indecisiones.
Para detener un sueño es fácil volver el rostro.
Y lo volverán, hartos de contar segundos
sin pálpito de estertores.

Yo, el usurpador de tronos, amante de dioses extraños
he de confesarme.
Merece llevarse uno mismo a cuestas
la misma travestida historia de la historia del hombre.
Asomarnos a cualquier resquicio por pasillos repletos de nube
desde el nacimiento hasta el luto en cada ausencia.
No soy más culpable que cada uno de ustedes
en esta cruel imitación entre unos con otros.
Para que no muera la luz
dejaré las manecillas del antiguo reloj. Y la cuerda rota.
El prodigio rompiendo la caja oscura al recuerdo
y la choza sin espejos donde yace la fábula de mi timidez.

Que sea mi último momento, si en verdad no abrazo palomas
tras la insistente celebración por no haber vivido
las ausencias que provoca un espantapájaros.
Al final, me asesinarán, y me dan lástima
por miedo. Claro que tengo miedo. Igual que ustedes
aunque después prosigan en la taberna comentando necedades.
Nadie es dueño de la libertad para incinerar
las galas del títere sin alma
en el asidero donde hasta mentir tiene su precio.

En este momento, solo se viven los presentes.
No merezco mas castigo que la aldaba por reproches
ante el delirio de la piel.
Si ya no creo en el hombre,
me aferro a Dios, como cualquier ateo
tan cobarde, que siempre se vuelve para firmar el pacto.
Ya es tarde, solo queda cruzar el fuego huidizo de la nada.
Por mi, que comience la jauría, lobos de mis entrañas
soy la carnaza que vuelve a sus aposentos.
Todo cuanto he sido sin poderlo remediar.

JUAN CALERO -Cuba-
Compartido por Claudio Lahaba

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