miércoles, 24 de febrero de 2016

LA DAMA NEGRA


Cada madrugada me despertaba a las 3:33 bañado en sudores fríos, paralizado de pies a cabeza. Este trastorno es conocido como parálisis del sueño; te despiertas repentinamente, plenamente consciente, pero incapaz de reaccionar.
Sólo puedes abrir los ojos, escudriñar la oscuridad y rezar. Rezar si crees que la oración puede ayudarte a recuperar la movilidad.
La parálisis del sueño venía acompañada de alucinaciones, una de las cuales era especialmente terrible y reiterativa. Alguien, yo la llamaba la Dama Negra,  aparecía en mi reducido campo visual. Entonces se sentaba en la cama y el colchón se hundía. ¡Juro que se hundía! Luego el bulto opaco de su cuerpo acercaba su cabeza a la mía, lentamente, como si fuera a besarme en la boca, y antes de que nuestros labios se tocaran me susurraba unas palabras en una lengua ininteligible, diabólica.
Probé a poner el despertador a las 3:30, pero alguien lo apagaba. Intenté no abrir los ojos cuando la dama aparecía, pero un impulso irresistible me empujaba a hacerlo. Traté de mantenerme despierto hasta esa hora, pero el sueño, irremediablemente, me vencía. Una noche, haciendo un tremendo esfuerzo y recurriendo a toda mi fuerza de voluntad, conseguí preguntarle qué quería. Percibí sus labios curvándose en una siniestra sonrisa. Eres escritor —me dijo—; escribe esto. Así podré entrar en los sueños de quien lo lea.

Luis Alberto Zurriaga (España)
Publicado en la revista Minatura 146

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