Es tanta la bondad /
que yo vivo de ella, /
la paciencia que sobrelleva,/
la belleza que me rodea /
y el amor que me profesa, /
que al pecado le quema /
y al pecador la vergüenza /
lo ahuyenta, /
se esconde /
y no lo confiesa, /
existe, /
pero su ausencia se marchita, /
su pluma es su conciencia /
que huye de lo real /
y su penitencia es vivir así /
hasta que muera.//
Javier Sebastián García de Castro
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