Entre cardos y pastos desmesurados
la vieja estación
naufraga
con la caída de la tarde.
Unos perros flacos
aúllan su soledad al vernos,
por un momento,
entre las sombras
del tinglado en ruinas,
vuelve a pasar el tren.
Del libro “Pueblos fugaces” de
Carlos Aprea -Argentina-
Compartido por Rolando Revagliatti
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