lunes, 22 de febrero de 2016

CEREBRO, CORAZÓN Y MANOS DE ORO


Para Alia y Ángelica

Cerebro, corazón y manos de oro
para las sensaciones o agonías
pongo como ladrillo de la casa,
dejo como evidencia deletreando.

Aquí queda lo vivo en los renglones.
Soy fiel a las palabras y a las sílabas.
Es primero la piedra sin disfraces
de donde mana el agua de la vida.

Son otros surtidores los que cantan
para quienes visitan mis lugares,
aquí dará su sombra la metáfora
para el reposo bueno de los seres.

Aquí está la mañana con su risa,
rosa de los abrazos, besos de ángel,
jardines al misterio por las noches
será el plato fuerte para hoy.

Habrá para quien quiera serenata
y bailes que a todos gustarían,
comparto con vosotros las imágenes,
miradlas en lo alto, no se caen.

Lo que sucede a ratos se dispersa
en solitarias barcas en océanos,
en lagos de tristeza honda y difícil
como borrón que no se quita nunca.

A veces vienen los desconocidos
que tienen rostro y manos suficientes,
como dije aquí a los amigos
que no conozco ni conoceré.

Sacristanes en tiempos de cosecha,
¿qué hacen por los otros sacristanes?
¿qué preguntas haré para que sepan?
¿qué surcos quedarán que no se nombran?

Endulzas el café de la llanura.
Te vas en el caballo de la estrella.
Tú sabes dónde llevas La Poesía
poeta de la lira resonando.

Cerebro, corazón y manos de oro
pongo como ladrillo de la casa.

Ángel Manuel Castrellón Parra -México-

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