Cada vez que yo contemplo
tu impresionante figura,
descansando sobre el lecho
de esas aguas que te arrullan
y que te sirven de espejo
cuando la tarde se esfuma
reflejando tus encantos
tu gracejo, tu finura,
y siento como te envuelve
esa brisa fresca, pura
que trae olores a sal
de las playas de Sanlúcar,
y veo como al ocaso
de esas tardes luminosas,
que precediendo al verano
van llegando presurosas
para dejar en el cielo
una estela fastuosa
compuesta por mil colores
y unas formas caprichosas
de nubes que se convierten
en olas de un mar de rosas
que van regando el espacio
con su espuma ensoñadora,
y van tornando las aguas
de opacas a esplendorosas,
al brillar como la plata,
como estrellas luminosas,
y contemplo embelesado
como de pronto en la noche,
surges del todo encendido
cual faro en el horizonte,
Y contemplo la belleza
de cuanto a ti te rodea,
sin que me canse al mirar
aunque mil veces lo vea,
ya sea la Maestranza,
Giralda o Torre del Oro,
o ese barrio de Triana
a quien tú le debes todo,
hasta el nombre que tú tienes,
pues te puso el suyo propio,
aunque el día en que te hicieran,
te hubieran ya puesto otro.
Porque tu eres de Triana,
el barrio que te engalana
y al que confía sus pasos
llegando Semana Santa.
Fíjate si a tí te quiere
ese Barrio de Triana,
que te puso una capilla
para que a ti te guardara.
¡Por eso, qué placer siento
cuando por ti cruzo el río!
Parece como si entrase
en el mismo paraíso.
Y es que aquel que a ti te puso
en ese exclusivo sitio,
tuvo que ser inspirado
por personaje Divino.
José Pedro Caballero (Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 17
No hay comentarios:
Publicar un comentario