I
Hay un místico rumor
que puedo escuchar en mí
desde que me sumergí,
despojado de temor,
en el ámbito interior
que con mis ruidos ahogaba.
No tengo que usar aldaba
para llamar. Sólo entro
decidido al epicentro
sonoro que me esperaba.
II
Adoro la plenitud
de poder haber llegado
en lo espiritual al grado,
que no gané por virtud,
de sentir la infinitud.
Arpegios casi imposibles,
cadencias inconcebibles,
notas sublimes me inundan,
me sostienen, me circundan
con gozos indescriptibles.
III
De música va mi caja
toráxica a su armonía.
No es la música de un día,
es horizonte que cuaja
su repertorio, que viaja
a trinos inmemoriales,
íntimos, confidenciales.
Son cantos de lucha y calma,
son sinfonías del alma
con longitudes astrales.
Jorge García de la Fe
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