En fuego del amor nos sumergimos,
bebiendo mutuamente de esa copa,
ese cóctel fabuloso de la miel,
donde dejamos aflorar los sentimientos,
en llamas de aquel lecho del hotel.
En majestuoso voraz fuego del placer,
nuestros cuerpos encendidos,
nos quemamos piel a piel,
en suspiros y con gemidos,
nos entregamos al deleite del querer.
Ese fuego consumiendo la abstinencia,
de un largo tiempo sin poder revivir,
al vivirlo fue tan puro y muy grandioso,
que volvimos a vivir.
Nuestros cuerpos agotado y consumido,
deliraban temblorosos y con calor,
no queriendo dejar apagar el fuego,
y avivando las llamas del amor.
ELBIO TIMOTE -ARGENTINA-
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