La ilusión llegó a mi vida
quebrantada de esperanza.
Con puñales, látigos y lanzas.
Con la cruz y las espinas en asechanzas.
Apenas encontrarme en tu mirada
fue descender desde el cielo a las llamas.
Ahogarme en ausencias desesperadas
y hundirme en profundas y hediondas aguas.
Apenas observarte sentí llorar mi alma.
Fue la pasión de una oscura mañana.
Fue el instante de una sonrisa programada.
Apenas fuiste la mujer amada
de un hombre que nunca sintió nada.
Y hoy eres la poesía de su voz y las palabras.
Eduardo N. Romero -Argentina-
No hay comentarios:
Publicar un comentario