En el istmo entre la Bahía
y la playa de Cortadura
mirando hacia El Puerto
de Santa María esperaba
el primer rayo de luz,
me gustaba fantasear
imaginando esas criaturas
mitológicas; habitantes
de mis imaginaciones:
ballenas gigantes, sirenas,
dioses de la mar.
Asoma la mañana, las barcas
zarpan a la mar. Los amarraderos
en pleno alboroto ¡vaya jaleo!
La repetida historia de hombres
de la mar, una madrugada más.
Las artes se amontonan sobre
los botes que van a zarpar,
marinería que se echa a la mar
y así mi mente, mi fantasía
los ve bogar entre dioses
y misterios de la mar.
La mar, siempre la mar...
Francisco Javier Díaz Aguilera.
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