Llegó mi nueva amiga muy arreglada y dejando tras de sí una estela de un afrodisíaco perfume. Ya frente a mí me sonríe con lujuria, se quita el vestido dejando ver todo su voluptuoso cuerpo, se acerca a mí, me besa, me abraza, se sienta en mis piernas y lengüeteando y mordiéndome las orejas, me susurra frases candentes al oído:
-Me encantas, desde que te conocí deseé estar contigo, hazme toda tuya... ¡AHORA!
Ya no pude más... se reactivó mi intermitente vulcanismo interior y sentí que el fuego corría por mis venas, hasta convertirse en lava que incendiaba hasta el aire que respiraba.
Éramos dos volcanes en erupción, estallando ambos frente a frente. Nuestra incandescente y convulsa pasión tomó vuelos y giros tan inesperados que parecíamos dos furiosas flamas que se enlazaban tan fuertemente hasta convertirse en una sola y gigantesca pira humana.
Por momentos sentí que hasta la habitación se transformaba en un espacio sideral y tú y yo nos volvíamos cometas cuyas flamígeras caudas incendiaban al mismo universo.
Tiempo después... el sol de la pasión se acercó al ocaso. Hubo febriles subintrancias que se negaban a rendirse. Y libidos espasmos que querían retener el tan ansiado y querido... clímax.
Nos miramos a los ojos, los tuyos brillaban como nunca, me sonreíste, me dijiste: -¡Fue fabuloso...! ¡TE AMO! Yo entrecerré los ojos, te sonreí con ternura y te musité con toda el alma: -¡YO TAMBIÉN… TE AMO!
Antonio Fco. Rodríguez Alvarado -México-
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