En la alborada
De mis años mozos
Por halagüeñas voces de amor
Mi cuerpo fue sorprendido.
¡Oh voces!...¡oh embeleso!.
Embelesada niña mimada
Poco a poco, ella... ella,
Mis oídos ilusionaba.
Al deshojar la margarita
De mis sueños, con febril
Audacia y mano aciaga,
El cuerpo de mis ilusiones
Con frenesí tocaba.
Parecía un arrullo
De núbil amiga,
Aquel te quiero.
Aquel te quiero
Expresado por labios
Suaves y dorados
Tocaba las fibras
de mis sentimientos.
Trémulo... trémulo y agotado
Fue tornándose todo ese
Torrente que por ella
En el fondo de mi alma fluía.
¡ Ah!... vinieron amargos días.
Amargos días sucedieron
A noches de caricias desmedidas.
Esas caricias... esas caricias
Fueron dándose con
Incontrolable persistencia
Y... se convirtieron
En lagos de miel
En medio del océano
De nuestra existencia.
Un aciago día
Todo desapareció.
Lo que consideré
Era nuestro arcano
A los cuatro vientos vociferó.
¡Oh amargos momentos!...
No los quiero recordar,
Un hálito de decepción
Todo encanto vino a reemplazar.
¡Ah niña!...
hoy te recuerdo
Como estigma del pasado
Que aún no se ha borrado.
Jaime Enrique Otero Saez (Colombia)
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