Si pudiese definir este bosquejo
de cara en cruel caricatura,
podría creer que está pintada
sobre una pared enmohecida,
que lentamente descascara
sus propias muecas
goteadas por algún cielo de manchas,
unas emulando algún retrato
otras simplemente imaginando
ese mundo tan distante evaporado.
Estos cuatro muros indecisos
que rodean una vida indefinida,
han sabido ser la crónica
de viejas posdatas estampadas,
como mudo y fiel testigo
de aventuras programadas,
en alguna desquiciada primavera
cuando aún soñar era posible.
No ha podido el cruel espejo,
ocultar la pátina del tiempo
resaltando realidades impiadosas,
donde como en fiel damero
blancos y grises se confunden.
Y si sentir algo más que la fortuna
de pisar otra vez la misma huella
ha de ser sana costumbre,
será el mirar sin los ojos de la pena
lo que el tiempo ha dejado en cicatrices,
claro aval imparcial de no haber sido
algo más que un simple número,
que al fin y al cabo
no es más que precario equilibrismo
saltando un poco loco entre las nubes,
que a lo sumo esponjarán
la caída y el derrumbe inevitables.
José Luis Gareis -Argentina-
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