Mañana seré una cicatriz esculpida,
un viento sonando en el arrecife.
Un eterno ímpetu en las orillas.
Un extraño influjo en el sueño.
Allá me quedaré.
En ínsulas dormidas por la arruga
de los diamantes.
Y al final ningún Dios me dará
la razón, no me quitará los bordillos
de las aceras que tanto costó diluir
en mi tránsito.
Te esperaré sentada entre mis dolores.
Entre la mesita con el algodón flotando
en la boca que no recupere el insomnio.
Ni los posos. Ni la ronda que dejé
entre las calles.
En un sonoro lienzo consumado.
Isabel Rezmo -Úbeda-
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