De tus ojos, esta mañana,
se ha desgarrado el velo y tus lágrimas
han brotado como lluvia en alborada.
Se ha fastidiado la fábula de tus aromas de olvido.
Mi soledad ha cantado el silencio de los tiempos
donde no hubo piedad ni alivio de recuerdos olvidados.
El calor resplandeció en la duna de los vientos
y en la lluvia de los tiempos la acuarela del ocaso
pintó celajes de azul, amarillo y esmeralda...
Te vi llorar esa noche junto al tronco del naranjo!
En soledad y silencio se transformaba tu grito
que al unísono enmudece con el eco de tu risa
cuando tu música es prosa y mi boca es el vergel
donde florecen tus besos... ¡Tu amor había florecido!
El mirto seductor cubría de aroma blanco
esa mañana de junio cuando a tu paso la flora
despertaba inmaculada. Renacieron las begonias
en el musgo del clamor de la sal de mi fatiga.
Despertaron los aromas de lirios y de azahares,
y cual ladrón de la noche entraba yo en tu ventana
para robarte aquel beso que ya nunca olvidaré...
Quise detener tus pasos que acudieron a mi vera
junto al viento de la tarde y abracé tu cuerpo claro
desvelado de ternura cuando habitaba mi piel
aquel beso de locura.
Ay, amor, violeta de mis ensueños,
junto al naranjo en flor en mi albedrío cansado
de tanto pensarte loco, de llorar, de tanto amar,
no se repitió el instante de aquel beso que te di...
Ya mañana en mi regazo de soledad y de hastío
nuevos vientos nuevas lluvias desnudarán mis anhelos
aunque no sea lo mismo como cuando estabas tú...
¡Ya no es ayer!
El silencio se hizo sombra y el olvido duerme en mí.
El crepúsculo se pinta de celajes clandestino de colores.
Tú llevaste mis anhelos al despertar de mis sueños
para que nunca te olvide, para quererte por siempre...
El viento ha vuelto de nuevo a despertar los fantasmas
¡Los fantasmas de la noche...!
Ricardo Flores Joya -El Salvador-
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