Finalista del XXII Certamen Luz de Tarifa y del III Certamen Poeta de Cabra(2) de Madrid.
(A Mamari)
Tal vez es mañana y sábado
la de esa vieja foto junto al balcón.
Templaba el otoño de 1975.
Desde la baranda negra descuelgan
agrietadas por el sol, rectas y fatigadas
las tablas verde ajado de la persiana;
y permiten, vacío el salón,
laminados haces
de luz y polvo en traslación
suspendido como efímeras galaxias.
Sentado a la vieja camilla,
frente al antiguo Philips de lámparas
que días después y entre sollozos,
gemidos blanquinegros,
reveló la muerte de un dictador,
está solo.
Bajo el plomizo azul oscuro del faldón,
templa incandescente
el picón de encina sus pies:
Aún no alcanzan el suelo.
Viste sus siete años, claro y rozado,
un pijama de franela herencia de familia
que arropa, desde la escasez de antaño,
las indecisas noches de entretiempo.
Huele a pegamento.
Impregna, hábiles sus dedos,
las estampas de un álbum arrugado
para ídolos de futbol:
Esnaola, Asensi, Iribar, Santillana…
Sobre el hule, apartados:
un Kalkitos incompleto y un plato
de postre y cristal agallonado,
con restos pan y aceite.
A través del cristal,
de su reflejo cabizbajo, suben de la calle
los pregones, el cloqueo de los mulos,
sus cascos, el rodar de madera de los carros.
Ya te habías marchado.
Tu boda en mayo arrancó una apreciada
hoja a su corto calendario,
añadió la cueva de una voz ausente:
la que dio horma a sus palabras,
la que rio su media lengua,
la de los cuentos cada noche,
la que reñía,
la que mandaba,
la Joan Báez entre coladas y geranios
que endulzaba los veranos de azotea…
Añadió el cubilete de sobra
en el tablero del parchís,
una cama sin deshacer por siempre
en el cuarto de la niña;
una silla vacía, a la pared pegada
en las comidas;
el llanto secreto, solitario de la madre,
algún tiempo;
y un páramo de silencio en su vida
que, solo hoy, ante los surcos
que abren los versos en las horas
de esa imagen ya lejana,
ha sido capaz de comprender.
Tal vez es mañana y sábado
la de esa vieja foto junto al balcón,
apenas el otoño de 1975.
Está solo.
No imagina que posa para el tiempo,
ajeno a la arcilla que hasta hoy labró tu ausencia,
a esta hoguera que prende sin rencor bajo su pecho,
a esta sal que le brota resignada en su mirada,
a este destello de memoria que quiere ser palabras.
Leopoldo Espínola (Alanís, Sevilla)
Publicado en la revista Aldaba 29
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