martes, 23 de febrero de 2016

UN FEBRERO INTERPELANTE


Serán las seis de la mañana,
de un febrero incierto,
de alguno de los que se nos vienen
y cada vez con mayor rapidez.
¿Por qué febrero?
porque trajo nacimientos, sucesos, desesos,
partidas, abandonos y degustaciones abortadas con fiebre.
En febrero llegamos a un pueblo perdido en los Pirineos,
llegamos a lo que asemejaba a un carnaval del medioevo,
donde luego de arder Mielotxin,
el depositario de todas las culpas
y ya todos exculpados con sus cenizas,
cayeron las máscaras derretidas en la Plaza Mayor.
Mi febrero es terso, interpelante,
complejo y evocador de sensaciones.
Es el nombre de un mes culebrón
que quiere comprimir los años, como él
que es el más corto y jugoso.
En ese momento abriré la cajita de los truenos
y te estaré escribiendo,
no tengo idea acerca de que tópicos.
Será en una Pamplona fría e indiferente
a lo que pueda estar diciendo.
La fecha del calendario también será fría
y quizás llueva con tormenta y relámpagos.
Empezaré a hacerlo una tarde,
en La Taconera, disfrutando esta Pamplona dual
y criticándola al mismo tiempo,
culpándola y disculpándola sin ambages.
Porque Pamplona es bilingüe,
está dividida y estará del mismo modo,
como yo, como tú, como tú y yo
y lo más probable será que nuestras pancartas
sean pintadas en distinto idioma y color,
repletas de líneas rojas.
La tinta que usaré tendrá aromas de invierno porteño,
la particularidad de acercar orillas
y aunque lo haga en el teclado del móvil,
tendrá nostalgias y preguntas incómodas,
construcciones y reconstrucciones,
me inspira estar en obra,
me inspirará evocarte en ese febrero.
Es probable que lo haga escuchando música,
sabes que no puedo vivir sin ella,
ni sin ti, por eso te escribo y configuro.
Que lo haga en el bar Jazz y Blues,
fanáticos de Miles Davis o en algún café literario
por la concesión de una inspiración mínima,
de una foto del maestro Cortázar,
otro fan del jazz.
Será en "lo viejo" de la ciudad junto a mi amiga Inés,
estaré seguramente toda la tarde/noche
y luego daré un paseo por el barrio de San Juan,
me apetecerá hacerlo, es parte importante de nuestra historia.
Estaré convertido en una especie de esquimal,
un ser extremadamente sensible.
Te diré que mis sueños habitan en un igloo helado,
en una pequeña casita en medio de los hielos del norte,
que aquella noche de tertulia desamueblada y el suelo
como piso y techo, escapó apenas con un mechón de tu pelo
y que no concibo su sentido real guardado en la mesita de luz,
como si al regarlo tomase el cuerpo que lo contenía
y fuese la melena de tu silueta.
¿Para qué sirve solo un mechón rizado de historia?
Es apenas un mínimo mechón
guardado en el imaginario de un soñador.
Te diré ya por la noche,
esta noche, ahora mismo;
porque de tanto divagar,
el febrero del cual te hablaba llegó,
y observando tu foto con todavía el mechón rizado
bailando sobre tus hombros.
Te escribo con el pulso temblando,
la respiración entrecortada y escalofríos,
con el esfuerzo tremendo de no estar en tu silueta.
Te escribo que estoy hecho un esquimal inescrutable en mi igloo
y que mi templo es una chabola,
con paredes de plástico,
hecha con mis manos un febrero bisiesto
y que el viento la puede arrancar
y levantar vuelo conmigo adentro.
No sería la primera vez que anduviese por los aires
y en un abrir y cerrar de ojos fuese a parar a otro sitio.
Se empiezan a arremolinar los cuatro vientos.

Miguel A. Ortega

No hay comentarios:

Publicar un comentario