Poco a poco
dejan de oírse las risas,
el murmullo y la música.
Las calles se han quedado
en silencio.
El viento ha barrido las huellas
de los caminantes
que en la madrugada
se refugian en el mundo
de los sueños.
El mar agita las olas,
libres e intrépidas,
que en solitario cantan
a unísono un solo canto...
locura que arroja,
amor de cuento de hadas,
de goce juvenil
de cálido verano.
Alexa Dalmasio
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