Tu permanencia lejana y fría
arrogante en la soledad de tu pedestal
ni una caricia te podía tocar
te cantaba entre versos
entrega cristalino del alma
regresáramos al instante idílico
donde las sonrisas eran sueños prometidos.
Tu jactancia imperante golpeaba
manteniéndote firme y callado
ante la incomunicación aberrante.
No hubo razón valida del recorrido
al desprecio manifestado de este gran amor
pero por más insolencia impusieras
tu mirada era la transparencia de la atracción
que en el torbellino tu esencia agonizaba
ante el imán de está seducción.
Sinfonías escritas a tu espíritu
no fueron suficientes para ser comprendidas
amor que para ti está dispuesto
entre caricias y besos te hubiera dado las estrellas
pasión que entre nubes blancas tu risa fuera la dicha.
Desgraciado orgullo de tu andanza
fue el causante de tu alejamiento
¿Oh quizá fue el temor de sentirte amado?
Sandra Méndez -Guatemala-
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