La última carta tuya fue fechada
en primavera, entre abril y mayo quizá.
No recuerdo bien la fecha.
En total fueron doce las misivas que me enviaste.
Con un encabezamiento igual, todas las cartas decían:
“Has estado bien, mi amor?”...
Y al final, con sutileza habitual cuatro palabras febriles
que me embrujaban la vida:
“Tuya por siempre seré”...
El núcleo de la carta, la última que me enviaste,
contenido parecido, o similar por lo menos,
de las anteriores once que naufragaron sin rastro,
río abajo clandestinas en mareas tan profundas
de los mares del olvido. La carta decía así:
“¡Cuánto te amo, amor mío!”
¿Cómo poder resistir la agonía de este amor
que me desangra las venas, que me consume la vida
como una herida letal, que me desgarra la piel
con agonía mortal, con un dolor tan agudo
que encuentra nido seguro en el regazo de mi alma...?
Es tan grande este dolor y tan largas son las horas
de este insomnio cruel y obscuro que me hiere sin piedad,
cada noche que en ti pienso y que sin remedio muero
hasta que vuelvas, amor, y se acabe este tormento”...
Aún me embriaga el perfume que al abrirla
me embrujaba, de tus labios nunca olvido
el color grana encendido que grabaste en el envés
de aquella última carta.
Me embargó tanta nostalgia
que se anidó aquí en el alma, sabiendo que nunca más
contemplarían mis manos otra carta que de lejos
me alegrara tanto la vida sintiendo que tú me amabas,
que anhelabas como yo que llegara nuestro otoño
cuando estaríamos juntos para amarnos sin medida
sin envidia ni temor desafiando los agravios,
la hipocresía y el miedo de aquel medio hipócrita y cruel
que su prejuicio impusiera...
Pero todo aquello pasó. Otoño llegó habitual
con vientos cargados de lluvia y la nostalgia del tiempo
desnudando la tristeza de aquel amor que perdí,
que dijo adiós para siempre, cuando todo se acabó...
La última carta quedó en un baúl de recuerdos
que era testigo indeleble de los amores pasados.
Al quererla rescatar sólo polilla encontré de las letras
consumidas de aquella ilusión fugaz, de aquel amor que nació
en mocedades de abril de una bella primavera...
Ricardo Flores Joya -El Salvador-
No hay comentarios:
Publicar un comentario