jueves, 4 de febrero de 2016

LA SOLEDAD


En la soledad de los años
las amistades, si de verdad hubieron,
quedaron ancladas en varaderos
llenos de algas y redes
que el tiempo disfrazó
con olores a mar y brea.

Las fragancias inventadas
se impregnaron de los sueños del olvido,
donde aquel pasado con vida
permanece lejano de reproches
con el hábil don de mantenerlo intacto
los rostros, las manos, sus voces y aromas.

Como si no hubiera tiempo recluido
entre las arrugas que tejen los días
y así, los rumbos opuestos
quedaran congelados
tras los objetivos caducos
de tan remotas pretensiones.

En la distancia sosegada,
resistieron los huidizos reproches
que hace mucho que no duelen.
Permanecieron transportados,
fijados por la bruma de la vida
a un lugar de rara añoranza.

En la soledad de las reflexiones maduras
asaltan sin sentido
escenas que creíamos sepultadas
por los sigilosos y contundentes
abismos, que el pasado
se encargó de enmascarar.

Y nos deslizamos sin quererlo
por afectos que nos determinaron.
Perdonando, transfigurados por la historia
lo vivido, tal vez, maquillando desilusiones.
¿O es que quizás, todo fue un engaño
nevado por la soledad de los años?

Rosa Mª Estremera: El tacto de la luna hiriente (Vitrubio)
Publicad en Rick´s café

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