(Cuento)
El otro día fui a tomar un café con la muerte.
Una vez servidos, mirándola, recorrí su pavoroso rostro y, con una actitud envalentonada, le dije:
-No te tengo miedo.
Me observó compasivamente; sonrió y con tono sarcástico expuso:
-Lo que me divierte de los humanos es que se creen imprescindibles; se alimentan de la quimera del alma y, a más de uno he visto hacer proyectos para con la eternidad…
-Es así, porque somos románticos y apasionados con la vida.
-Pero yo soy parte de la vida. Observa el universo, donde hay comienzo hay fin, y viceversa…
-¡Por eso mismo creemos que “el circo” sigue!
-Todo se transforma, nada vuelve a ser lo mismo. Simplemente hablo de la materia.
-¡Bueno, gracias por esta conversación; pero debo retirarme, no creo que lleguemos a ninguna conclusión!
Me voy ¡tengo que seguir soñando!
-Hasta mañana. Me dijo.
-¡Hasta nunca! No quiero saber de ti.
Le expresé con tono repulsivo.
-Mañana “vendré a buscarte”.
-¡Vete al carajo, cabrona… No te rías… te dije que “no te tengo miedo”!
-¿En serio? Ja ja ja ja ja ja. Estaba jodiendo, me caes bien, te dejo unos días más… ¡Chau!
Juan Lopresti
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