Después de todo esto
entiérrame entrelazado
en sus brazos.
Si se muere antes que yo,
mátame entre lágrimas,
después de la elegía
que le escribiré,
y después enróllame,
todavía caliente y abrazado a ella,
en una alfombra de césped,
como un gran sushi,
y entiérranos como una gigante píldora
en la garganta de la tierra,
para curar la pena de morir.
Entiérranos al pie de ese olmo viejo,
allí en la colina
donde la lluvia corre para abajo,
para darle al árbol el abono
de nuestras almas terrenales
y para que sus raíces nos abracen
como una gran hamaca,
para impedir que nos reclame el infierno,
para quedarnos para siempre juntos,
después de todo esto.
Dean Simpson -Boston, EE.UU.-
Publicado en la revista Arena y cal 196
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