LXVIII
Miro a la vieja neblina
que se gasta en el alambre
con mi silencio de estambre
en los ruidos de la espina.
Oigo el pasado que trina
en mi sangre de madera.
Llora la luz de la esfera
del reloj donde me escondo
en ese bosque sin fondo
donde hay un niño que espera.
LXVI
Hoy vuelven los ojos mapa
que descosen la llovizna
cuando la aurora se tizna
en el cielo de mi capa.
La mano del sol destapa
una voz en la humareda.
Y el polvo arrugado rueda
en el tren del pensamiento
cuando se desmaya el viento
como un ave en la arboleda.
Jesús Álvarez Pedraza -EUA-Cuba-
Publicado en Carta lírica
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