viernes, 5 de febrero de 2016
EL PODER SE LAS PALABRAS
(Reflexión)
Hay palabras tan sutiles,
que por la profundidad
de su naturaleza,
y el tono de su ternura,
te alborotan con certeza,
y sin previo aviso,
de los pies a la cabeza,
y en la vasta inmensidad,
solícitas te asisten
iluminando tu oscuridad,
con claridad de aurora,
y llenándote de gozo
y de la dicha más pura.
Hay palabras
que no se dicen,
pero se piensan,
igualmente
son de mortíferas
y de letales,
porque un gesto
no los puede ocultar,
porque a todas luces
se han de notar
y siempre en blanco
han de acertar.
Hay palabras
que se murmuran,
en una felonía
o en una oración
cuál sacra letanía.
Esas son
las que bendicen
el alma tuya
y también la mía.
Hay palabras de odio
y de desprecio,
que son pozoña,
miel, hiel,
vinagre y veneno.
Y las de amor,
con las cuales
hoy verseo
y vierto gota a gota,
en tu corazón ingrato,
el elixir de mi alma
enamorada para ti.
Estas son palabras reservadas en mi boca
para tu boca,
en un ardoroso beso,
y en un musitar:
te quiero, te amo
y te adoro,
y sin tu amor
seguro que me muero.
Y qué me importa
si hoy o mañana
se entera él
o el mundo entero.
Las hay también,
de las que endulzan
con sus embelesos,
te taladran los sesos
y te roen los huesos.
Hay palabras,
las que se dicen
con el alma
y te transportan
a su propio cielo.
Hay las que
te destruyen
la vida,
y te envenenan
el alma,
y hacen que el trajinar
de tu larga jornada,.
sea la más dura.
¡Dios mío qué lisura,
no hay derecho,
tampoco cordura!
Y hay palabras
que no se dicen,
esas muchas veces
son las más crueles
porque en silencio
te traspasan
cuál filuda daga,
porque en ellas
están inmersas,
todas las inmundicias
de su desodor,
y pletóricas de la fetidez
y de sus mieles,
y también de sus hieles.
Hay palabras perjuras
y muy duras,
que te vuelven soberbio
y tirano.
hay palabras procaces,
tanto de los pequeños
así como de los mandamaces,
sin que nadie
se asombre,
ni el abuso atenúe,
mucho menos valoren
lo que tú haces.
Hay palabras de enamoramiento
que en vida presente
llenan tu corazón
de dicha y de contento.
Hay palabras necias
para los necios,
y palabras sabias
para los entendidos.
Pero para ti,
mi dulce bien,
lee mi labios por favor,
solo palabras simples,
pero llenas de amor.
George Rivas Urquiza -Perú-
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