miércoles, 6 de agosto de 2014

LA CIUDADELA DE LAS PASIONES (4ªparte)


No quería sentirme como siempre, con ese vacío inmenso que me había dominado en los últimos años de mi vida, donde las decepciones y las traiciones habían sido constantes. Ante la puerta
de mi cabaña, ese momento incomodo de la despedida, se convierte de repente en una de las acciones más fáciles de mi vida. Esta vez, y aun siendo la primera, voy a hacer lo que de verdad me apetece. Tiro levemente de su mano y su cuerpazo ya está en la salita. 
-No quiero niñatadas, solo un hombre que sepa serlo… te aseguro que no hay muchos.- la voz que sale de mi garganta se atreve a decir lo que llevo tanto tiempo reprimiendo.
-¿Estas segura?- no se inmuta.
-Esa pregunta sobra, la correcta es: ¿Sabrás hacerlo?, mucho cuerpo y buena pinta, me da la sensación de que puede ser una pantalla que esconda tu torpeza. 
Le brillan los ojos, su hombría empieza a sentirse incomoda, pero a pesar de ello no pierde ni un segundo su autocontrol. Me siento en el sillón y le indico con los dedos que se desnude. Quien o que hace que me comporte así, no me reconozco, pero la verdad es que no me disgusta lo que siento. Debe ser parte de lo que llaman libertad. Mis gestos apuntan ahora que la secuencia sea lenta. Cuando su camiseta celeste cae al suelo, puedo observar cada hora de gimnasio en su pecho, en su vientre. Le pido que pare. Quiero ir más allá. Me pongo un vestido que jamás me hubiese planteado siquiera mirar. Mi imaginación parece desbocada, y no tengo intención de ponerle freno. Sale mi vena más voyeur, quiero saber que se siente si existe la posibilidad de que me vean. Nos dirigimos directamente a los estrechos callejones donde continúan los gritos de placer inmenso. Entrar en este lugar trasforma a cualquiera, me encuentro absolutamente sorprendida de mi misma, pero no estoy dispuesta a renunciar a vivir la experiencia. Pero por una vez, seré yo la que mande. Le digo que se arrodille ante mí y abro mis piernas dejando absolutamente desnuda esa falsa sensación de puritanismo que nos inculcan para que no seamos los suficientemente osados como para vivir lo que realmente deseamos. Mientras mi acompañante sumerge su lengua entre mis piernas, observo entre luces y sombras a otras personas. Mil posiciones, interminables orgasmos, sensualidad a raudales y mi propia libido llegando a límites nunca antes conocidos. (…)

ANNA LAFONT.
Seleccionada por Martín Molina García
 


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