Agarro por la solapa las mil versiones conocidas de mí y les deletreo con coqueteo de colibrí el lugar dónde yacerá la muerte.
Allí seré el jilguero que apuñala por la espalda la espesura de la serpiente pitón de labios bífidos.
Sofocaré el destierro de la luz recitando poemas por encontrar con cadencia de tragador de sables.
Seré el esclavo del hambre, el alcaudón coagulado entre las yemas de tus dedos
una ciudadela bajo mis mantas
tu cama deshecha
y mi sangre hibernará entre las piernas de lo invisible.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÀNDEZ -Mérida-
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