A través de las inclemencias de las cortinas alguien te observa en silencio.
Los huecos sólidos y con silbidos de amapolas restregadas por el viento,
son versos que se enamoran del rostro del dolor omnisciente.
Un kamikaze con la fuerza de un pijo rasga las vestiduras del papel en blanco
y emponzoña el aquelarre del deseo.
Solo el silencio puede mirar a los ojos a la cal del paladar
de todo aquel que sabe que la derrota no es silencio.
GUILLERMO JIMÉNEZ FERNÁNDEZ -Mérida-
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