(Poema infantil)
Enojado un sapo verde de disgustado mohín,
saltaba allá y más aquí y lo perseguía un grillo
con el agudo chillido de su pequeño violín.
Al grotesco saltarín le molestaba el sonido.
Le fastidiaba el oído, al sapo arrugado y fiero,
que tapaba con sus dedos las orejas y la nariz.
Pero harto de sufrir, el sapo al intruso dijo:
“¡acaba ya ese chirrido!, ¡me molesta tu violín!
¡así que vete de aquí a molestar al vecino!”
El embustero grillo, muy audaz se le acercó
y calmo, le susurró, arrimándose a su oído
mientras que le hacía un guiño al pobre desprevenido.
“Aunque sapo tú has nacido, puedes ser príncipe al fin
si es que tocas mi violín, Merlín, el mago, me dijo.
Las doncellas del castillo, vivirán locas por tí.”
Se vio al sapo sonreír por lo que el grillo le dijo
y de un salto decidido se acercó sin discutir.
Tocó el sapo ese violín... ¡¡¡y volvió en príncipe el grillo!!!.
INGEL LAZARET
Enojado un sapo verde de disgustado mohín,
saltaba allá y más aquí y lo perseguía un grillo
con el agudo chillido de su pequeño violín.
Al grotesco saltarín le molestaba el sonido.
Le fastidiaba el oído, al sapo arrugado y fiero,
que tapaba con sus dedos las orejas y la nariz.
Pero harto de sufrir, el sapo al intruso dijo:
“¡acaba ya ese chirrido!, ¡me molesta tu violín!
¡así que vete de aquí a molestar al vecino!”
El embustero grillo, muy audaz se le acercó
y calmo, le susurró, arrimándose a su oído
mientras que le hacía un guiño al pobre desprevenido.
“Aunque sapo tú has nacido, puedes ser príncipe al fin
si es que tocas mi violín, Merlín, el mago, me dijo.
Las doncellas del castillo, vivirán locas por tí.”
Se vio al sapo sonreír por lo que el grillo le dijo
y de un salto decidido se acercó sin discutir.
Tocó el sapo ese violín... ¡¡¡y volvió en príncipe el grillo!!!.
INGEL LAZARET
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