Sabes a quien amas porque tu corazón te lo dice, porque te seduce un abrazo, porque te eriza un contacto, porque tus lágrimas dulces afloran por emoción, porque sientes susto de amor, porque el alma deja de ser inmaterial para convertirse en miles de sentimientos visibles por todo tu cuerpo. Sabes a quien amas cuando secuestran tus pensamientos, cuando tus palabras apenas son capaces de formar pocos nombres, cuando tus esperanzas caminan de la mano de otras esperanzas.
Y también sabes quien eres, y sabes lo que quieres. Te conoces y te valoras, te acusas a veces pero esas mismas veces tú mismo te defiendes, te maltratas y luego te arrepientes corrigiendo con amor propio.
Pero nunca permitas que nadie determine tus verdades, no permitas que nadie manipule tus sentimientos, no permitas que nadie navegue por tu mente colonizando espacios; no dejes que nadie te utilice como arma en contra de otros y no dejes que nadie se aproveche de tus debilidades. Impide que alguien se inmiscuya en tus bien formadas verdades y las desfigure, o te utilice para que repitas y defiendas como verdades, mentiras perversamente preconcebidas.
Cree en la información cuando es veraz, y edifica sobre ella tus propias opiniones. Decía Jean Cocteau: "No se debe confundir la verdad con la opinión de la mayoría"; no repitas como tuyas opiniones cuando provienen de negociantes de ideas que transforman mentiras en posverdades. No olvides, finalmente, que los medios de comunicación viven de la publicidad, y los políticos de la deshonestidad. Y manipulan mentes para complacer sus propios intereses.
Jorge Alberto Velásquez Peláez
No hay comentarios:
Publicar un comentario